Proporcionar la luz adecuada sin quemar sus hojas.
La luz es un elemento clave. Las plantas de jade necesitan un ambiente luminoso para mantenerse sanas, pero detestan la luz solar directa, especialmente detrás de una ventana orientada al sur en verano. ¿El lugar ideal? Cerca de una ventana bien orientada con abundante luz filtrada. Demasiado sol puede dañar sus hojas, mientras que muy poca luz puede frenar su crecimiento y dificultar la floración.
Riego: menos es claramente mejor
El error más común es regar con demasiada frecuencia. Las plantas de jade almacenan agua en sus hojas, como una esponja natural. Por ello, prefieren los periodos secos a la humedad excesiva. Espere siempre a que la tierra esté completamente seca en la superficie y en toda su extensión antes de volver a regar. En invierno, reduzca aún más el riego. Este riego controlado suele ser un factor desencadenante de la floración.
Nutre bien la planta, sin sobrecargarla.
Para florecer, la planta de jade necesita energía, pero no demasiada. Un aporte ligero y regular es suficiente. En primavera y verano, puedes añadir un fertilizante suave para suculentas o un poco de compost bien descompuesto. Algunos jardineros también usan fertilizante para plantas con flores, como máximo una vez al mes, para estimular la formación de capullos, pero nunca te excedas.
La canela se puede utilizar como remedio natural para proteger el árbol de jade: espolvoreada en cantidades muy pequeñas sobre un corte, una hoja rota o la base de un esqueje bien seco, actúa como antiséptico, limita la podredumbre y promueve una curación rápida, sin perturbar el crecimiento de la planta.