Michael se dio la vuelta y se encerró en su estudio, con las manos temblorosas mientras servía una bebida que no llegó a saborear.
Sintió gratitud, pero también celos y confusión, preguntándose por qué Ava podía hablar libremente con Paige y apenas mirarlo a él.
A la mañana siguiente fingió irse al trabajo, estacionó a una cuadra y regresó en silencio para instalar cámaras discretas, avergonzado pero desesperado por entender.
Durante una semana observó las grabaciones cada noche, viendo cómo Paige transformaba tareas simples en lecciones suaves llenas de palabras, emociones y juegos.
Doblar ropa se volvía una charla sobre colores, cocinar se convertía en contar números, y los cuentos fluían hacia conversaciones sobre sentimientos y recuerdos.
“¿Por qué el cielo se pone naranja de noche,” preguntó Ava una vez, mirando por la ventana con curiosidad sincera.
Paige sonrió y respondió, “Porque el sol se despide, como las personas, y eso no significa que se haya ido para siempre.”
Michael sintió el pecho apretarse al ver a Ava asentir sin miedo, aceptando la explicación con una calma nueva.
No todos en la casa estaban de acuerdo, especialmente Agnes Whitford, la administradora de muchos años, que observaba a Paige con resentimiento silencioso.
“Estás cruzando límites,” advirtió Agnes un día, “te contrataron para ayudar, no para criar a la niña.”
“No estoy reemplazando a nadie,” respondió Paige con serenidad, “solo la estoy escuchando.”
La tensión creció y Michael se sintió atrapado entre la lealtad a Agnes y el progreso innegable de su hija.
La situación explotó cuando la maestra de Ava llamó emocionada diciendo que había hablado, jugado y contado historias en la escuela por primera vez.
Ese día, Michael llegó temprano y encontró a Agnes regañando a Paige en el jardín, mientras Ava se aferraba a sus piernas llorando.
“No quiero que se vaya,” sollozó Ava con desesperación.
Michael intervino, preguntó qué pasaba, y escuchó versiones opuestas hasta arrodillarse frente a su hija para tranquilizarla.
“Paige dice que las flores crecen aunque llueva,” explicó Ava, “igual que las personas.”
Esa noche, Michael enfrentó a ambas mujeres, y Agnes reveló que Paige tenía estudios en educación infantil y lo había ocultado.

“Porque la gente juzga cuando ve educación y pobreza juntas,” explicó Paige con honestidad, “necesitaba trabajo, no sospechas.”
Días después, Paige admitió que vivía en un refugio con sus hermanos tras perder su vivienda, confesando su miedo a perder el empleo.
Michael sorprendió a todos al decir, “Entonces déjame entender tu vida antes de juzgarte.”
Ese fin de semana visitó a la familia de Paige, encontrando un hogar humilde pero lleno de risas, libros y orgullo sincero.
Ava se unió de inmediato, dibujando y riendo como si siempre hubiera pertenecido allí.
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