En el garaje, comenzaron a presumir.

—¡Vaya, Ricky! ¡Otro auto nuevo! —dijo Sheila.
—Claro, ahora soy Project Manager —respondió Ricky—. Y tú también, doctora, ese auto brilla.
Reían orgullosos de todo lo que habían conseguido.
La llegada del hermano mayor
En medio de la conversación, llegó el hermano mayor, Kuya Carding.
No llegó en auto, sino en un viejo tractor agrícola. Vestía una camisa descolorida, un sombrero de palma y botas llenas de barro.
Sus hermanos lo miraron con desprecio.
—¡Por Dios, Kuya! —exclamó Ricky—.
—¡Esto es una reunión familiar, no el campo! ¿Por qué vienes así? ¡Vas a ensuciar toda la casa!
—Perdón —sonrió Carding mientras se limpiaba el sudor—.
—Vengo directo de la cosecha. No quise perder tiempo regresando a cambiarme.
Sheila puso los ojos en blanco.
—Menos mal que estudiamos —dijo—. Gracias a las becas, no terminamos siendo campesinos como tú. Sin progreso.
—Exacto —añadió Ben—. Míranos: autos, títulos, éxito. Tú sigues oliendo a tierra. Qué lástima.
Carding no respondió.
Simplemente ayudó a su madre en la cocina, soportando las humillaciones en silencio.
La llegada que cambió todo
Mientras comían, se escuchó una sirena policial.
Un convoy de SUV negras se detuvo afuera.
Bajó el Alcalde del municipio, acompañado de guardaespaldas y concejales.
—¡Es el Alcalde! —susurró Ricky—.
—Compórtense, esto puede servir para mis negocios.
Sheila se adelantó.
—Buenos días, señor Alcalde. Soy la doctora Sheila Reyes…
Pero el Alcalde pasó de largo, sin mirarlos.
Caminó directamente hacia la cocina, donde Carding lavaba los platos.
Frente a todos, el Alcalde se inclinó y le besó la mano.
—Ninong Carding —dijo con respeto—. Perdone la tardanza.

Todos quedaron en shock.
—¿Usted conoce a nuestro hermano… el campesino? —preguntó Ricky.
El Alcalde rió.
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